Bienvenidos/as Divorciados/as!

Acogida a divorciados

DIVORCIADOSLlegan ustedes a esta iglesia cristiana interesados en recibir la Comunión. Ella les ha sido negada por años, debido a que uno de ustedes o ambos no pudieron o no supieron cumplir la promesa formulada al contraer matrimonio ante un altar. Aquella de permanecer unidos “hasta que la muerte nos separe”. Y poco o mucho tiempo de ustedes se instalaron a vivir con otra persona, con lo cual quedaron excluidos de la posibilidad de comulgar. Al principio quizás no imaginaron cuánto les dolería esta exclusión, pero con el paso de los años ella se ha vuelto muy dolorosa.

Por eso han llegado hasta nosotros, con la esperanza de poder recibir aquí, sin disimulos ni subterfugios, la frente en alto, el pan y el vino, verdadero cuerpo y sangre del Señor Jesús.

Debemos dejar en claro que en la Iglesia Luterana concedemos gran importancia al matrimonio. Pensamos que esta forma de familia ofrece la posibilidad de vivir a fondo los grandes valores del Evangelio, entre ellos la entrega generosa y desinteresada, el perdón, el respeto por el más débil, la tolerancia ante las diferencias y la solidaridad.

Sin embargo, estamos conscientes de las debilidades del ser humano y del amor infinito del Señor, que nos ama sin condiciones ni exclusiones.

El ha querido quedarse en la Eucaristía (Santa Cena) no para servir de premio a los perfectos, sino como alimento para los que han caído y se reconocen pecadores, es decir personas que pese a sus buenas intenciones somos frágiles y nos equivocamos a menudo.

En adelante, pues, en cualquiera de nuestras misas o cultos, podrán ustedes recibir el cuerpo y la sangre del Señor, evocando la Última Cena con sus apóstoles.

Podrán hacerlo después de haber confesado en silencio, como al inicio de cada una de estas celebraciones, sus pecados o egoísmos, sus errores y fallas, que ahora, con la perspectiva del tiempo, pueden aparecer más nítidos.

Pecados y egoísmos que tal vez requieren enmendar rumbos, restablecer vínculos cortados, pedir perdón a determinadas personas, en fin, cada uno debe examinarse en presencia de Dios.

Seguramente, la experiencia de reencontrarse íntimamente con el Señor Jesús les ayudará a tomar decisiones generosas y a superar rencores y odiosidades. Cuando nos dejamos invadir por Dios se desencadenan a menudo dinámicas increíbles.

En lo sucesivo pueden venir ustedes cuando quieran a nuestro templo y comulgar. Nadie los presionará ni hostigará.

No les exigimos nada. Pero les ofrecemos con sencillez la posibilidad de crecer en la fe cristiana, mediante la participación constante en nuestros cultos, nuestros grupos de reflexión, y tal vez mediante la bendición de vuestro matrimonio.

UNA BENDICION DEL SEÑOR
red-scribble-heartAlgunos de ustedes han sufrido de parte de su iglesia o comunidad una agresión adicional. Les han dicho que desde que establecieron una nueva relación estable con otra persona pasaron ustedes a vivir en pecado. Tarjeta roja.

En la Iglesia Luterana pensamos que todos somos pecadores y que nadie puede considerarse superior a sus hermanos en la fe. Nadie tiene derecho a mirar al otro por encima del hombro. Ni a hacerle desprecios.

Tampoco creemos en el azar ni las casualidades. Si después del fracaso de tu matrimonio, con todos los costos y sufrimientos que eso conlleva, encontraste a una persona que te entiende y respeta, que te ama y acepta a tus hijos del primer matrimonio, que se muestra dispuesta a compartir el resto de sus existencias, entonces no estás viviendo en estado de pecado. Todo lo contrario. Dios te ha bendecido. Los ha bendecido a ambos.

Fue Él quien permitió que se encontraran, se conocieran y se sintieran atraídos. Fue El mismo quien abrió sus corazones para que se atrevieran de nuevo a asumir los riesgos de amar. Porque bien saben ustedes que superar los traumas y arriesgarse otra vez requiere mucho coraje. Por eso hay tantos que optan por relaciones solo “puertas afuera”.

No existen las casualidades. Por algo llegaron ustedes hasta esta comunidad cristiana. Él, que es la expresión máxima del amor, los condujo hasta acá. Así que cuando salgan de nuestro templo, háganlo tomados más estrechamente de las manos que cuando llegaron. Y estén dispuestos a amarse más a fondo que hasta ahora. Porque esa persona que con que te has vuelto a comprometer no es fruto de la casualidad, sino un regalo que el Señor ha querido hacerte.

Lo percibirán sin ninguna duda cuando durante la misa intercambien con un beso el saludo de paz y cuando reciban por primera vez juntos, uno al lado del otro, el cuerpo y la sangre del Señor.

 

** La acogida de parejas o matrimonios de personas que se han divorciado se realiza los domingo a las 12.30 horas. En la Iglesia Luterana de la Santa Cruz, emplazada en el Cerro Concepción de Valparaíso,