El Sacerdocio Universal

Según el pensamiento luterano los santos no constituyen una clase superior de cristianos, sino que también son pecadores salvados por la gracia a través de la fe en Jesucristo; todo cristiano es, a la vez, santo (justo) y pecador (simul iustus et peccator = al mismo tiempo justos y pecadores). La doctrina luterana del Sacerdocio de Todos los Creyentes (o sacerdocio universal) está relacionada con el Bautismo, por el cual todos los cristianos, hombres y mujeres, se convierten en ministros y sacerdotes de Dios, adquiriendo la misión de servirle durante toda su vida a partir de sus actividades personales, su trabajo, su vocación y sus dones, entendiendo que todos tenemos la posibilidad de alabar a Dios desde lo que hacemos en el mundo. La misión del pastor/a ordenado posee un valor especial, basado en una llamada de Dios (vocatio) y con la aprobación de una comunidad de cristianos. Cada cristiano bautizado es un sacerdote por naturaleza. Si bien puede no tener la vocación pastoral, tiene el deber de anunciar la Buena Noticia de Jesucristo y de cumplir los mandamientos de Dios en el lugar en donde esté y en el trabajo o disciplina que ejerza. Este sacerdocio universal permite, en caso de emergencia, que cualquier bautizado administre la Santa Cena y el Bautismo, especialmente si hay posibilidad de muerte de una persona. A través del Bautismo, todos somos miembros del Sacerdocio Universal de Todos los Creyentes, y así también pasamos a formar la gran Comunión de los Santos: la comunión de los bautizados, la Iglesia de ayer, de hoy y de todos los tiempos.

A diferencia de los sacerdotes católico-romanos, los pastores luteranos pueden contraer matrimonio y tener familia. Al ser nuestra iglesia una comunión inclusiva y de estudio crítico y actualizado de la Biblia, protegemos la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, por lo cual aceptamos e instamos a la ordenación pastoral tanto de hombres como mujeres al sagrado sacerdocio, existiendo en nuestras iglesias, pastoras y obispas que ejercen su cargo de la misma manera y con la misma autoridad que cualquier varón.